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Entrevista a Raúl García Linera: “Ahora toca a los jóvenes construir la Patria Revolucionaria”

García Linera, estamos a poco tiempo de la fecha pautada para las elecciones; en ellas se va a dirimir la correlación de fuerzas que se ha puesto en evidencia a partir del golpe del año pasado.

hace 3 mese(s)

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Con la preocupación de analizar y comprender la realidad de Bolivia hoy, conversamos con Raúl García Linera, militante del MAS refugiado en Argentina. El proceso de luchas abierto en el inicio del milenio, el significado de la elección de Evo Morales desde 2006, las fortalezas y debilidades del proceso de cambio, aparecen como momentos indispensables del análisis de la coyuntura y de las perspectivas y tareas de cara a las próximas elecciones.

Venceremos – PT: ¿Qué perspectivas y tendencias ves de cara a las elecciones del 6 de septiembre? ¿Cómo viene preparándose la derecha?

Raúl García Linera: Estamos a poco tiempo de la fecha pautada para las elecciones; en ellas se va a dirimir la correlación de fuerzas que se ha puesto en evidencia a partir del golpe del año pasado.

La derecha está en estos días nucléandose en torno a un único candidato: Carlos Mesa. Como no estamos ante una nueva convocatoria a elecciones con nuevos candidatos, los candidatos de la derecha no pueden ya (por razones normativas) retirar sus candidaturas.

Sin embargo, esto va a generar, como siempre ha sucedido, contradicciones. Las fuerzas e intereses que representan Camacho, Tuto, Añez y Mesa dan cuenta de un abanico de derecha que va desde el fascismo duro del primero hasta una versión de derecha institucional que representa el ex presidente Mesa. A todos ellos los une el antimasismo y evitar el triunfo del MAS es un factor de unidad. No obstante, al hacerlo, hacen aguas por algún lado. Los fascistas que apoyan a Camacho, los pititas de Santa Cruz no se sienten a gusto con un candidato que consideran de centro. Lo mismo ocurre con quienes se consideran parte de una centro-derecha no se sienten a gusto de que en la alianza vayan sectores como los de Camacho y Tuto. Por tanto, por fuera de evitar el triunfo del MAS, no es fácil para la derecha unificarse tras objetivos comunes.

V–PT: ¿Esa dificultad surge en los años de gobierno del MAS?

RGL: No, es un rasgo de más largo aliento. Podríamos decir que desde 1985 cuando las izquierdas son derrotadas y se impone el neoliberalismo, las derechas quedaron expresadas en tres partidos grandes y tres pequeños. También allí el arco iba desde Banzer, hasta el MIR pasando por el Goni. Gobernaron con acuerdos cambiantes, hasta que en 2002 / 2003 llegaron a articular una coalición grande de cuatro o cinco partidos. Esto ocurrió como respuesta al ciclo de transformación revolucionaria, al movimiento plebeyo – popular que post – 2000 fue reconstruyendo la unidad de la izquierda desde el eje movilizador de la etnicidad indígena.

Más aún, podría decir que la unidad de las diversas expresiones de la derecha se ha dado a partir de la iniciativa de la embajada gringa que viene a funcionar como verdadera conciencia de clase burguesa imponiendo la unidad. Así ocurrió en 2008 y en 2019. Así está ocurriendo hoy cuando la embajada afirma, a partir de las encuestas, que su candidato es Mesa y promueve que el resto de las fuerzas se encolumne detrás suyo en lo que ya se empieza a conocer como un “voto útil” para derrotar al MAS.

V–PT: Todo indica que el MAS tiene las mayores posibilidades de ganar. ¿Cómo explicás eso?

RGL: Para explicar eso hay que retrotraerse al golpe, e incluso más atrás. Todos somos mestizos, salvo alguna comunidad (menonita) extremadamente endogámica, lo que existe es el mestizaje. Ahora bien, socialmente, ese mestizaje reconoce dos polos. El polo de mestizaje de base “blanca” y el polo de mestizaje de base indígena. Esto que desde la perspectiva colonial se naturaliza como una identificación “objetiva” es realidad una referencia y una aspiración. Quienes se reconocen blancos no necesariamente son “blancos” étnicamente, pero se sienten, se desean, se añoran blancos. En el otro polo, están quienes se reconocen o no se niegan como indígenas.

La blanquitud ha sido un valor, un pilar de una verdadera pigmentocracia. Todas las noches muchos se duermen rogándole a la virgencita despertarse mañana más blancos y que haya alguien más indígena que ellos, ya que ése es el modo de autoafirmarse. Como tú sabes, la dialéctica del amo y del esclavo no sólo supone que el amo domina y se considera superior, sino en que también el esclavo se reconoce inferior.

Por supuesto, esta valoración de la condición étnica es resultado de la Conquista. Los conquistadores impusieron una sociedad de vencedores. Y en esa sociedad colonial, el blanco es el ser y el indio es el no ser. Ser “blanco” o “ser indio” es algo que se expresa en todos los aspectos de la experiencia vital: la forma de caminar, la forma de vestir, el modo de hablar, la dicción. Hasta el año 2000 hubo toda una parte de la sociedad que en su búsqueda de ascenso social encaró un “blanqueamiento”. Porque no se trata sólo de lo económico. Tú puedes tener riqueza pero desde esa mirada colonial sigues siendo un “cholo enzapatado”.

Todo esto se quiebra en el 2000. La condición de supremacía de la blanquitud se rompe en un proceso profundo de descolonización. Muchos y muchas empiezan a pensar y a sentir que “nadie está por encima de mí”. Evo es la forma en que cristaliza ese proceso y su triunfo en 2005 significa la toma del poder político de parte de los que habían estado excluidos hasta entonces.

V–PT: ¿Qué ocurre con las clases medias en ese proceso?

RGL: Las clases medias que llevaban generaciones invertidas en un proceso de blanqueamiento, yendo a la universidad, buscando matrimonios que “mejoraran la raza” de repente ven que quienes estaban por debajo de ellos, estaban ahora por delante. Cuando ser cocalero, ser parte de la CSUTCB (Central Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia), cuando ser indio pasa a ser un valor, esas clases medias se sienten desplazadas, y acumulan bronca y rabia. Esto se vio con claridad en el golpe del 2019. Se desplegaron con violencia todos los argumentos para hacer manifiesto el desprecio al indio, todos los epítetos, toda la carga negativa contra el indio: “negro”, “feo”, “sucio”, “cochino”, “hediondo”, “maleante”.

En ese horizonte de rabia se construyó la base social del golpe. Sumado a cuatro años de discursos mass media sobre autoritarismo, corrupción, primarios exportadores, el no respeto a la naturaleza, etc. y a supuestos millones de dólares que se tendrían en el banco del Vaticano.

V–PT: ¿Cuáles fueron las acciones u omisiones del MAS y de Evo que permitieron que el golpe se concretara?

RGL: Primero quiero señalar algo a nivel fáctico. Por un lado, el paro organizado por los golpistas no había frenado la actividad del país. Tenía fuerza el paro en el norte de Cochabamba, menos en el centro y el sur de la ciudad, ámbito rural funcionaba normalmente. En La Paz estaba paralizada la zona sur. El Alto funcionaba normalmente, aunque había incursiones en la noche al centro del poder político. Y el centro estaba más o menos paralizado. El jueves se produce el motín policial en Cochabamba. El viernes en La Paz. Y el domingo la rebelión militar en La Paz termina definiendo el golpe. En esos días, las incursiones eran cada vez más violentas.

El miércoles 6 de noviembre los movimientos deciden replegarse para volver el lunes. Cuando los dirigentes sindicales les piden que se queden, los movimientos no lo hacen. Y esta es la segunda cuestión, de central importancia para entender qué fallos propios hicieron que un proceso muy profundo fuera atacable.  Se produjo un extrañamiento entre las bases y las dirigencias. Cuando esas direcciones dan la orden de volver, sale a la luz que no tienen capacidad de mando.

Ese extrañamiento entre bases y dirigencias fue incubado por el proceso. Por un lado, estamos ante movimientos sociales altamente delegativos, que luego del auge de la lucha eligen a alguien que los represente y vuelven a la cotidianeidad de la vida, eso es propio de los esquemas organizativos de base territorial. Eso es parte de la dinámica de los procesos, el problema es que no se logró la politización de esa vida cotidiana.

Por otro lado, cada vez más se dio el hecho de que si soy dirigente puedo definir quién va a ser diputado, concejal, alcalde, etc. Entonces, puedo pedir para un compañero, para un amigo, para un compadre. Y terminar pidiendo para alguien que no es ni compañero ni amigo pero que me va a dar un porcentaje de su salario. Siendo dirigente, entonces, puedo “conseguir pegas”. De este modo, la dirección se convierte en objeto de disputa. Y yo como dirigente voy a evitar formar a otros cuadros que en su desarrollo me puedan desplazar.

Hay además otro fenómeno que lleva a ese extrañamiento entre bases y dirigencias. Muchos dirigentes pasan a ocupar cargos en el estado. ¿Quiénes se quedan a organizar lo social en los territorios? ¿Quiénes recrean y politizan el movimiento social? ¿Quiénes reconstruyen el puente entre bases y dirigencias? La realidad es que nadie se queda.

Nosotros defendemos la idea originaria de un gobierno de movimientos sociales, y sin duda hay que atender a la gestión del estado con cuadros comprometidos y formados, pero la pregunta es cómo haces que el mejor cuadro sea el que se queda en el territorio y que sea la garantía del proceso frente a la burocratización.

Al hablar de gestión del estado nos referimos además a una estructura estatal burguesa y capitalista. Sólo en procesos como en Cuba podemos hablar de otro tipo de estado. Para graficarlo, las revoluciones como las nuestras buscan cambiar el motor de esa máquina, pasarlo de un motor de explosión a uno eléctrico, mientras el vehículo está en marcha. Las revoluciones armadas, en cambio, frenan a bala la máquina y emprenden el cambio.



V–PT: Y retomando la metáfora, ¿cuál era ese cambio que se quería hacer en la sociedad y en el estado?

RGL: El momento constitutivo de los procesos es el que contiene sus potencialidades y sus límites. En Bolivia, el momento constitutivo se da entre 2000 y 2005. Cuando en 2003, en plena guerra del gas, cuatro tanques toman la plaza Murillo, desde San Francisco lo plebeyo en lucha entiende que no está dispuesto a acabar con todo el sistema y su maquinaria. En avances y repliegues disputa la plaza San Francisco mirando a la distancia la Plaza Murillo donde simbólicamente se asienta el poder. Allá queda claro que no se va a disputar en batalla el poder, sino que se disputará en las urnas el derecho a gobernar el país de mayoría indígena, las elecciones del 2002 les mostró que era posible.

Los ciclos centenarios de autoconciencia étnica 1781 (Katari constitución de la contradicción TÁRA/KÁRA), 1899 (Pablo Zárate Willka constitución del primer gobierno de Indios, por Indios y para Indios) y el actual gatillado en la guerra del agua el 2000 se caracterizan por ser procesos de autogobierno indígena, el 2005 lo popular y plebeyo decidió que uno de sus iguales, que uno igual que ellos no solo podía gobernar sino que debía hacerlo. Esto es algo que ni la potente revolución de 1952 había conseguido porque tras la victoria armada del pueblo contra el ejército, una vez que se toma la plaza se espera que venga el doctorcito “culiblanco” para gobernar (Víctor Paz Estenssoro). En cambio, cuando votaron por Evo votaron por sí mismos. Eso es lo potente del proceso. ¿Es suficiente? Seguramente no, pero la realidad es que en el proceso de 2003 a 2005 no estuvo planteada la revolución socialista clásica. El eje fue la etnicidad. Y eso se vio cuando se produce el golpe. La gente salió a defender esa etnicidad, “mi whipala se respeta”, “mi pollera se respeta”.

El 2003 los dos ejes que levantó el movimiento popular plebeyo fueron la nacionalización e industrialización de los hidrocarburos y la asamblea constituyente. Esos dos puntos se cumplieron ni bien asumió el gobierno del MAS. La Constitución Plurinacional, la reivindicación oficial de la whipala, son el mayor cambio que se puede hacer en el estado. Hasta 1997 ninguna mujer de pollera había entrado al parlamento. En 2015 tenías que buscar con lupa a los culiblancos en el parlamento. De hecho, hasta 2014 nadie hablaba mal del mundo indígena. Hubo 5 o 6 años de consolidación de un sentido común del Estado Plurinacional. Entonces, cuando escucho que dicen que el estado no avanzó más, que debió radicalizarse, que le falto visión revolucionaria, y otras por el estilo me pregunto qué es lo que entienden por revolución esos compañeros. La revolución no es un acto estatal, no es una suma de leyes y decretos radicales que sustituyen al pueblo, ojalá fuera tan fácil. Son los pueblos que en procesos acumulativos van constituyendo y madurando las notas revolucionarias desde sus propias contradicciones y la superación de éstas; no se trata del cumplimiento esforzado de un programa bien intencionado de algunos intelectuales que pretenden ver en otras estructuras sociales y experiencias, la superación revolucionaria específica. En Bolivia, para el 2010 el estado ya había cumplido con sus tareas emanadas de las luchas 2000 – 2005, a partir de entonces el gobierno fue cubriendo la deuda social que el estado tenía con los siempre ninguneados, al mismo tiempo que intentaba construir un país productivo, integrado, con múltiples polos de desarrollo aprovechando las ventajas comparativas, en el horizonte de construir una patria tejida desde la dignidad y soberanía desde los de abajo. En muchos sentidos solo era el estado quien pensaba en lo universal, en el bien común, en la patria en construcción.

Lo que faltó fue desarrollar y conquistar la hegemonía desde lo social, disputarles el sentido común a los intelectuales orgánicos (opinólogos, comentaristas de medios, etc.) de las clases poderosas y clases medias tradicionales. Porque es desde ahí que se hacen las revoluciones, donde se disputa el sentido común, donde se construyen cuadros políticos, donde se politiza lo social, donde se legitima lo avanzado y donde se construyen los siguientes pasos. La tarea de los Movimientos Sociales en tanto partido, de los partidos de izquierda, de los intelectuales comprometidos es la que puede o no tejer procesos revolucionarios. Los estados no hacen revoluciones.

V–PT: Sin desconocer estas complejidades, hay dos elementos que resultan muy difíciles de entender. Por un lado, la habilitación a la OEA para definir la situación. Por otro, el no haber avanzado a fondo sobre las fuerzas armadas. ¿Cómo se entienden esos dos hechos?

RGL: Por un lado, hay que señalar que la OEA venía tomando posiciones de no enfrentamiento con el presidente Evo. Había sostenido que no se podía inhabilitar a Evo porque presentarse como candidato eran parte de sus derechos políticos como se pronunció la OEA para otros países años atrás. Más aún, al revisar las noticias cuando llega la misión de la OEA, se ve que era la derecha la que protestaba contra ella.

Nuestro canciller realizó un trabajo intenso dentro de la OEA y consideró que podía ser honesta su actuación. El propio Evo, seguro que no había posibilidad de fraude les dijo que revisen todo, porque no había nada que ocultar. Se puede decir que pecamos de incautos. Y en parte es cierto. Evo cree que, aunque enfrentados, todos juegan sobre una base de eticidad y de honestidad. Cuestión que no ocurrió, dos días antes de la fecha acordada la OEA entrega un informe provisional en el aeropuerto, dando el toque de Diana del golpe.

Sobre la cuestión militar es falso que no se hizo nada. Se hizo la escuela antiimperialista.  Se buscó vincular a las fuerzas armadas con los sectores populares desde tener la tarea de repartir los bonos como Juancito Pinto y Dignidad en el área dispersa rural. No debe olvidarse que finalizada la Guerra Fría el imperio dio a conocer su intención de desaparecer los ejércitos nacionales para configurar un ejército continental a su égida y fortalecer a las policías nacionales para pelear la nueva guerra contra las drogas. Desde entonces los gobiernos neoliberales solo les tenían miedo y los mantenían distantes, ejemplo de ello es que en la nueva ley de pensiones de Gony se mantendrá una jubilación del 100% de las FFAA. El gobierno del MAS les dio importancia a las fuerzas armadas. Evo reivindicaba siempre el patriotismo que había aprendido en el cuartel. Pero no es tan fácil. Quienes son generales tienen más de 30 años de carrera y casi todos ellos en los grados de oficiales fueron becados a los cursos de reclutamiento en el norte.

También se intentó hacer formación militar de movimientos sociales. Pero con mucha irresponsabilidad quienes participaron se sacaron fotos y cayeron denuncias de paramilitarismo, de antidemocráticos y hubo que dar marcha atrás.

Durante muchos años, el manejo de los comandos, los ascensos y los destinos eran milimétricamente discutidos. A partir de 2015, ese proceso de decisión se hizo más rutinario y se asignaron ascensos y destinos sin revisar, sin mirar. En definitiva, nos burocratizamos.

Al inicio de los levantamientos policiales, el reclamo que hacían era “queremos que nos traten como a las fuerzas armadas”, “porque los plomos tienen privilegios”. Por ley, desde los 90s las fuerzas armadas son el único sector que mantiene el sistema solidario de pensiones y obtiene una jubilación del 100% del salario en actividad. Los policías se amotinan contra el gobierno bajo la consigna de exigir el mismo trato que los militares, los articuladores golpistas les prometen que ellos cumplirían sus demandas si se amotinan. El jueves el Presidente Evo se reunió con el general Williams Kaliman para planificar el escenario si la situación policial se complicaba y asegura su incondicional lealtad al gobierno electo en las urnas. Por eso no podíamos creer cuando las FFAA pidió la renuncia de Evo. Luego se supo de los 100 millones de dólares que los gringos pusieron para repartir entre generales además de las ofertas de asilo y protección.

V–PT: ¿Y por qué Evo decide irse?

RGL: El día viernes 8 cuando la policía se amotina había 500 militantes, la mayoría jóvenes que se presentaron y dijeron “vamos a defender con la vida” la casa grande del pueblo, desde la dirección se afirma que no es necesario y se pide a los compañeros que se replieguen a sus domicilios. Muchos, a la cabeza de Evo, teníamos esa misma idea de ¡patria o muerte!

El domingo 10 cuando se precipitan las cosas, se realizan reuniones del presidente Evo con ministras, ministros y también Movimientos Sociales, se puso en consideración qué debiera hacer y se le dice a Evo que no, que se tiene que ir, que tiene que salvar la vida porque de otro modo lo que venía era un Pinochet. Que esta no era la última batalla y que iba a haber más si él se mantenía con vida.

Por otro lado, los movimientos sociales que el jueves se habían replegado, el lunes cumplen y vuelven junto a otros más, son los que darán batalla a los motines en todo El Alto expulsándolos al DP1 en San Pedro de La Paz.

V–PT: ¿Qué tareas entendés como centrales de acá en adelante?

RGL: Todos unidos para ganar las elecciones por encima del 55%. Es una tarea grande pero no es imposible. Luego, todos trabajando con la mirada puesta en el largo plazo de cómo llegamos al 2035 transformando lo social. Hay que volver a las bases. Y como decía el cura Luis Espinal, la vida está para gastarla por los demás. Esa tiene que ser la base de la construcción. Recuperar el fundamento ético del quehacer político. Que se vea con desprecio a quien se pasa de listo y muñequea para ubicar a sus amigos en el estado. Que se vea con desprecio a quien roba y se corrompe, porque la corrupción siempre es robo contra el pueblo. Desde ya que esto no significa validar la infamia del gobierno golpista que hablando de la corrupción del MAS ha realizado negociados de todo tipo y a gran escala; sino desde una perspectiva revolucionaria. La sociedad boliviana es altamente tolerante a la corrupción, desde darle 30 pesos al policía para que no te ponga infracción, coimear al diligenciero, aceitar para que salga más rápido un trámite, etc., eso debe acabarse, debemos construir una sociedad con una ética colectivista que ve en lo cotidiano el bien común.

El dirigente tiene que ser, como decía el Che, el último en acostarse y el primero en la batalla.

Además, tenemos el enorme desafío de la formación de cuadros. Muchos señalan esto como falla del gobierno. Pero la formación no es, no debe ser, tarea de estado, sino del partido y de los movimientos sociales.

Sumado a ello, nuestra realidad es que la base de nuestros movimientos es rural: CUSTCB, Bartolinas, Interculturales, los cocaleros, las seis federaciones del trópico, de las yungas, etc.  Pero hoy ese mundo rural, incluyendo a los pueblos intermedios, sólo da cuenta del 45% de la población. El otro 55% vive en las grandes ciudades capitales y El Alto. ¿Cómo organizar un movimiento urbano? ¿Cómo organizarlo con la dirección estratégica y política de la etnicidad indígena campesina sin que se transforme en dirección material? Este es un gran problema. Porque si se realiza todo un trabajo de organización en lo urbano pero luego sólo definen los movimientos sociales de base campesina, el movimiento urbano pierde potencia y tiende a disolverse. Hay especificidades de lo urbano que hay que atender desde sus propias contradicciones en la construcción del instrumento, por ejemplo, los problemas de género, aunque tengan una base común, son diferentes en el campo que en la ciudad. Lo mismo con los problemas intergeneracionales.

Las tareas post elecciones son vitales para el pensar el proceso las próximas décadas; de muchas maneras el proceso fue cumpliendo las tareas políticas, económicas y sociales de las generaciones nacidas antes del neoliberalismo, tareas que pensábamos que moriríamos luchando sin verlas, sin duda que son muy importantes, pero si no somos capaces de recrear el horizonte revolucionario desde la perspectiva de las nuevas generaciones estamos condenados a convertirnos en perversos conservadores.

El presidente Evo recuperó la dignidad y soberanía de la Patria, ahora toca a los jóvenes construir la Patria Revolucionaria para todos.

Venceremos


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