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E Entrevista

Evo: “Dos llamadas nos salvaron la vida”

Buena parte de los bolivianos y la comunidad internacional coincide en que hubo en noviembre un golpe de Estado

hace 2 mese(s)

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Si buena parte de los bolivianos y la comunidad internacional coincide en que hubo en noviembre un golpe de Estado es, entre otros, por un hecho central: el concurso de los policías y las Fuerzas Armadas. Aunque ya habían permitido la quema impune de tribunales electorales y casas de autoridades, los primeros se amotinaron oficialmente el 8. Lo que puede no saber la mayoría es que los militares abandonaron su constitucional obediencia incluso antes de que el Presidente renuncie a su Gobierno. Así lo revela el propio ahora exmandatario Evo Morales Ayma (Oruro, 1959), quien desde su exilio en Buenos Aires cuenta en esta entrevista pormenores de los luctuosos sucesos del año pasado, que derivaron en su derrocamiento y que por poco le cuestan la vida, la de su vicepresidente Álvaro García Linera y la de varios de sus colaboradores.

En efecto, durante el último día de su gestión, los uniformados se rehusaron a darle acceso al avión presidencial que lo llevaría a Chimoré, de donde luego trataron de impedir su partida a México, viaje que solo fue posible ante la presión de miles de habitantes del Trópico cochabambino. A más de lo anterior, Morales revela asimismo nombres de oficiales que, sostiene, se insubordinaron; señala que en el Chapare había agentes de civil tras su captura y narra que aun en las últimas horas siguió recibiendo apoyo no solo de sus bases, sino de empresarios que le pidieron resistencia. Cuenta, además, la razón por la que no se animó a ejercer desde el Trópico y por qué el lema “Patria o muerte” tuvo que ser dejado de lado en bien de la vida de miles de sus compañeros y su proceso político.

-A partir de los cabildos de Santa Cruz, ya había usted denunciado la posibilidad de un golpe de Estado. ¿Cuándo exactamente aparecen las primeras señales objetivas del derrocamiento?

Las movilizaciones de los comités cívicos por supuesta reivindicación de desarrollo departamental eran movilizaciones netamente políticas. En Potosí usaron el tema litio, sin argumentos técnicos ni jurídicos, menos de desarrollo. En Santa Cruz iniciaron sus paros como una pulseta para ver quiénes mandaban, si la logia Caballeros del Oriente o la Toborochis. Se impuso un sector y generó no solo un problema departamental, sino uno nacional, orientado a cómo ostentar el poder político. ¿Qué argumento manejaban internamente? Decían: “Si nosotros como departamento manejamos la parte económica, por qué no la política”. Ahí empiezan los cuestionamientos al Gobierno nacional. A mí me informó una trabajadora del hogar –cómo habría conseguido mi celular- que en la casa de un tal Alarcón se reunía el Comité Cívico de Santa Cruz y algunos políticos, y que decidieron hacer un golpe y elegir otro candidato a Presidente. Faltando dos o tres semanas para las elecciones, yo comenté esto en mi gabinete. Nadie creía, ni yo, soy sincero. Inclusive sobre lo del candidato a Presidente un ministro dijo que no iba a suceder como en Venezuela. Pero los hechos coincidieron, luego de las elecciones Camacho dijo que iban a buscar otro candidato para Presidente. También querían tomar posesión a Carlos Mesa como Presidente con un Gobierno paralelo que seguro iba a ser reconocido por Estados Unidos. Por otro lado, antes de las elecciones me reuní con el Comité Cívico de Potosí para el tema del litio. No tenían ninguna observación estructural sobre la parte técnica ni jurídica de la industrialización del litio (…). Hubo un momento en el que los dirigentes admitieron que sus movilizaciones eran por un tema político. Siendo así, yo les dije entonces que el MAS iba a ganar las elecciones en Potosí. Ellos dijeron que no lo íbamos a hacer. Pero sacamos tres senadores (…).
En la parte ya operativa del golpe, al día siguiente de las elecciones que ganamos Carlos Mesa convocó a movilizaciones contra el supuesto fraude. Se sumó al golpe de los comités cívicos de Santa Cruz y Potosí, y al día siguiente quemaron dos tribunales electorales en Potosí y Chuquisaca. La Policía se sumó ese día al golpe retirándose y abandonado los tribunales, y siendo aplaudida por la derecha (…).

-¿En qué momento las Fuerzas Armadas le dejaron de obedecer? ¿Es cierto que altos mandos se opusieron incluso a la partida del avión presidencial de La Paz a Chimoré?

He estado escuchando grabaciones del jueves 7 (de noviembre), en las que algunos comandantes piden la renuncia de Kaliman (entonces comandante de las Fuerzas Armadas). No estoy tan seguro, sigo investigando, pero creo que se han dividido el mando militar. Pero estoy seguro de que quien encabezó el golpe fue el general Terceros, comandante de la Fuerza Aérea. Después acá me informaron los cruceños que algunos de sus conocidos o familiares pensaban que él iba a ser Presidente. Evidentemente, el domingo (10 de noviembre) cuando yo quería salir a Chimoré, ya no me quisieron dar el avión presidencial. Para que quede en la historia negra, hablé con el comandante del Grupo Aéreo Presidencial, coronel Guzmán, aiquileño y quechua además, y me dijo: “No, no hay instrucciones”, hasta cerró la puerta del avión. Le dije qué instrucciones, si él dependía de mí, no del comandante (de la Fuerza Aérea). Luego hablé con el general Terceros y me dijo: “No, Presidente, usted diga al comandante del Grupo Aéreo”. La pasé la llamada y le instruyó. Esa llamada fue clave para salvar la vida. Yo no sé qué hubiera pasado sin eso.

Pero quiero que sepan, llegamos a Chimoré y como siempre al aterrizar estaba chequeando las redes, mensajes, cuando el avión presidencial aparece en la terminal militar, y no en la comercial o civil. Los pilotos abrieron la puerta, yo recién me di cuenta y pedí que la cerraran. Les pregunté por qué estábamos en la terminal militar, y me respondieron que hubo “instrucciones”. Estaban cerrando la puerta y vi por la pista unas 15 movilidades, a una Alcaldesa, alcaldes y dirigentes del Trópico viniendo a toda velocidad, porque ya sospechaban lo que estaba pasando. Y cuando bajé del avión, los militares ya no me daban parte. Después me informaron que un hangar estaba lleno de uniformados bien armados. Ahí me salvaron los dirigentes sindicales y los alcaldes del Trópico. Y cuando salimos de los hangares del cuartel, ya no querían abrir las palancas de seguridad. Nosotros hemos tenido que romperlas para salir. Ya pasado el mediodía, el comandante de las Fuerzas Armadas pidió mi renuncia.

Llegué a Lauca Ñ y todavía pensaba meterme selva adentro, no renunciar y gobernar desde el Trópico, pues al día siguiente los compañeros pensaban movilizarse en La Paz para recuperar la plaza Murillo, la Casa Grande del Pueblo. Si no fuera la Policía amotinada y las Fuerzas Armadas golpistas, mis compañeros la hubieran recuperado. Pero, si se metían, era una matanza. Al margen de la quema de casas de alcaldes, de gobernadores, de ministros, de asambleístas, de familiares, iba a haber más muertos. Y yo no quería eso. Y ha sido un buen cálculo. Como qué, el día viernes 8, cuando la Policía oficialmente se amotinó, por culpa de sus comandantes, esa noche dije que no iba a salir de la Casa Grande del Pueblo, que ahí era patria o muerte. Algunos ministros, ministras estaban medio llorosos, dijeron que había que salir. Igualmente, el domingo 10 por la tarde dije que no iba a salir, que era patria o muerte, y ministras, ministros y asambleístas comenzaron a llamar diciendo que había que salvar la vida de Evo y el proceso de cambio (…).

En Yacuiba, el comandante local de la Policía dijo que había instrucciones para detener al presidente Evo, eso está en videos. Supongo que pensaban que estaba saliendo de Yacuiba para pasar a Argentina. Había instrucción para que me detengan (…).
Si no me iba, iba a pasar lo mismo que le pasó a Salvador Allende en Chile. Haciendo una evaluación y coincidiendo con algunos analistas, pienso que, si en el Chapare no renunciaba y me metía monte adentro, con cualquier argumento iba a haber persecución y, quién sabe, me iban a matar como a Gadafi. Y tenían razón algunos compañeros que dijeron que abandonar La Paz era salvar la vida (…).

-¿Cómo salió la nave que les transportó de La Paz a Chimoré? ¿Es cierto que un edecán suyo tuvo que obligar al piloto a despegar e incluso estuvo a punto de utilizar su arma de reglamento?

Antes que levante vuelo de El Alto, nos informaron que la Policía estaba tomando Chimoré, luego se fueron y entraron los militares. Uno de mis seguridades me llevó a un lado, me mostró sus mensajes de chat, uno decía “Entrégame a Evo, nosotros vamos a operar”. Luego le llamaron y le ofrecieron “50 palos grandes”, es decir 50 mil dólares. El domingo nos fuimos monte adentro y comenzamos las gestiones para salir. (El canciller) Diego Pary estaba en Perú (…), primero habló con Paraguay, pero no había logística; luego habló con México. El avión tenía que entrar a las 11 de la mañana. Mis compañeros notaron que había agentes civiles, y en una hora movilizaron a 10 mil compañeros. El avión no llegaba. Hablé entonces con Terceros, le pregunté por qué no dejaban entrar el avión mexicano. Quiero que sepan lo que me dijo: “A nuestros aeropuertos no pueden entrar aviones militares”. Le dije: “General, por favor, ¿qué me está diciendo? ¿Cuántos aviones militares de Estados Unidos han entrado a Chimoré? Y la semana pasada llegó un avión militar de Turquía, trayendo aviones pequeños para ensamblar y ofrecernos”. Se quedó callado. Además, me dijo: “¿Por qué no le recoge una avioneta civil, privada, de Lima?”. Eso era para llevarme a otro lado. Finalmente, Terceros dijo que faltaban algunos papeles de la Embajada de México en la Cancillería. Espero no equivocarme, a las 15.15 tenía que entrar otra vez el avión mexicano, que ya había levantado vuelo de Lima, pero no lo dejaban entrar a territorio boliviano. Dio media vuelta. Nosotros estábamos cerca del aeropuerto con Álvaro, y otra vez tuvimos que meternos selva adentro. Preguntamos qué había pasado, y había decisión de los militares de que no entre el avión a recogernos. Hablé con Kaliman y le pregunté qué estaba pasando. Explicó que había problemas, y aproveché de decirle, porque sabíamos que ya había violencia en La Paz, que no ensucie la imagen de las Fuerzas Armadas metiendo bala al pueblo (…). Kaliman fue un poco pasivo, pero Terceros fue prepotente. El avión no llegó, regresó a Lima, y hubo maltrato de militares peruanos al avión mexicano: no quisieron venderle combustible (…). Nuestro Canciller tuvo que hablar con altas autoridades peruanas. Semanas después reconocieron que hubo “descordinación”, pero sabemos que ese momento ya la base militar de Estados Unidos en Perú tomó el mando. Lo más interesante es que, en la tarde, Estados Unidos, vía nuestros representantes, nos ofreció avión para sacarme a cualquier lugar que yo quisiera. ¿Quién les iba a creer? Lo descartamos. Y más tarde, después de que rechazamos eso, Estados Unidos estaba averiguando cómo se llamaban los pilotos del avión mexicano (…).

A las 21.25 estaba programada de nuevo la entrada del avión. Acá algo que nadie sabe aún: mis compañeros me informaron que, entre las 18.00 a 19.00, agarraron un carro de la Policía con tres agentes de civil, armamento, gas y 50 mil dólares. Seguro estaban yendo a agarrarme. Los detuvieron y, a la 1 de la mañana, cuando yo ya estaba en vuelo, los liberaron y les devolvieron el dinero (…).



-¿Cómo partió la nave mexicana que les sacó de Chimoré? ¿Es cierto que García Linera tuvo que instar a los militares a que les dejen partir?

Llegó el avión, miles de compañeros seguían concentrados, entramos y carreteamos por la punta de la pista. El piloto nos informó que, según una comunicación, se había acabado el tiempo de permiso para levantar vuelo. No podían salir. Otra vez regresamos a la terminal. La Cancillería mexicana y el comandante de la tripulación nos recomendaron: “No salgan del avión de México”. Ese momento yo llamé telefónicamente a los compañeros para que no abandonen, retornaron, se concentraron. Eran ya las 22.30 a 23, y Álvaro llamó otra vez a Terceros –yo no llamé ya para nada-. Le dijo: “General, si no salimos, ningún problema. Va a arder Chimoré, tal vez nosotros, el avión y los militares, porque usted sabe que hay más de 10 mil compañeros concentrados. Así que esto será bajo su responsabilidad”. El general pidió que le contacten con los pilotos, recién les dijo que tenían permiso de salida, así salimos pasadas las 23.00. Ya no podíamos volver a Lima, ni sobrevolar Perú, menos Ecuador. Tuvimos que viajar a Paraguay, saludos al Presidente de Paraguay que autorizó, ahí recargamos combustible. Después al día siguiente nos mostraron en pleno vuelo por dónde dimos varias vueltas para poder salir (…). México nos salvó la vida (…). Dos llamadas nos salvaron la vida (la primera fue la suya a Terceros) (…).

-¿Por qué no funcionaron los servicios de Inteligencia en relación al motín policial y a la insubordinación de las Fuerzas Armadas?

Ha sido un error histórico. Juan Ramón Quintana y otros ministros me plantearon que había que hacer nuestra propia Inteligencia, no depender de las de la Policía y Fuerzas Armadas. A veces la Inteligencia de la Policía nos informaba lo que estaba en los periódicos. ¿Para qué nos servía eso? Las Fuerzas Armadas solo a veces nos daban buena información.

-¿Cómo fueron sus últimas 48 horas en la Presidencia?

Estábamos en evaluación permanente. Después de que abandonamos la Casa Grande del Pueblo el viernes a las 8 de la noche, al día siguiente tenía programada una reunión a las 5 de la mañana con los movimientos sociales de La Paz, y cuando estaba saliendo ya la Casa Grande estaba rodeada. No pude entrar, retorné a la residencia (presidencial), hice tres cuatro reuniones en la residencia. El domingo tenía reunión con la COB (Central Obrera Boliviana), y me ha sorprendido que las Fuerzas Armadas pidan mi renuncia, y también la COB. Algo que no se sabe de esas horas: empresarios patriotas nos hicieron llegar el mensaje de que resistamos, de que estaban con nosotros. Los empresarios nos daban su respaldo, y los obreros nos pedían la renuncia. Eso es para una profunda investigación y debate.

-Más allá de las declaraciones públicas, ¿algún líder o sector entonces opositor quiso negociar una salida constitucional a la crisis?

No, aunque habían sondeado sin nuestra autorización algunos colaboradores de nivel ministros a la derecha. Consultaron, el sábado 9, si tras la renuncia de Evo y Álvaro podría ser Adriana Salvatierra presidenta, como presidenta del Senado. Después me comunicaron que no quisieron.

-Fuera de agresiones a familiares de líderes y autoridades del MAS, así como la quema de sus casas, ¿qué amenazas o agresiones sufrió su propia familia?

Amenazas sobran, pero quemaron la casa de mi hermana. ¿Qué culpa tiene ella? Mi familia no se mete en política (…).


Esta entrevista inicialmente se difundió en el suplemento “Tiempo Político” de La Razón, el domingo 15 de marzo del 2020.



Por Jorge Delgado / Sergio de la Zerda (Entrevista exclusiva) **

(**) Periodistas.


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