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Opinión

Banderas y miedos
Por: Claudia Peña

LAS OPINIONES EXPRESADAS POR LOS COLABORADORES SON PROPIAS Y NO LA OPINIÓN DE KANDIRE
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Cuando vamos por la vida encontramos símbolos a cada paso. En este tiempo, que es el tiempo de las imágenes, los símbolos adquieren una capacidad de proyección todavía mayor. El símbolo representa una idea, una condición, una institución. No surge de la nada. Se va construyendo socialmente en el tiempo. Las personas vamos coincidiendo en que un objeto representa tal idea, tal convicción, tal fe, tal causa.

 

Esa es la fuerza de los símbolos, que no podemos desdeñar de golpe y porrazo. Ahí tenemos un ejemplo que sigue caliente: la Virgen del Socavón es un símbolo vigoroso de la fe católica en Oruro sobre todo, y una pintura que se interprete indigna de ella, levanta furibundas olas de protesta, que van más allá (mucho más allá) de algo tan básico como la piedad cristiana.

 

Recordemos también el debate alrededor de los símbolos patrios que se dio durante la Asamblea Constituyente. Reconocerse o no reconocerse en la wiphala, por ejemplo, era una de las discusiones más apasionadas. ¿Recuerdan el 2006, 2007, con la bandera cruceña en todos los edificios? Cuánto significado tenía la bandera en el frontis del Club Social. Si miramos las manifestaciones recientes alrededor del 21F, vemos que la bandera tricolor, que nos define como nación, es la que flamea ahora, y eso también es un símbolo. Símbolo de que en los últimos años, también los cruceños nos hemos vuelto más bolivianos.



 

Y es que es así: gran parte de la lucha política pasa por lo simbólico. Pensemos por ejemplo en la campaña de aquellos opositores que sostienen que la bandera de la reivindicación marítima es azul porque Evo necesita una foto donde todos aparezcamos sosteniendo una bandera azul. Una bandera y una foto: el símbolo del apoyo político, y el miedo de los opositores.

 

Ahora está la pregunta: ¿de qué sirve el banderazo? Hay quienes todavía dicen: el Gobierno piensa que así recuperaremos el mar. Se creen muy listos y ven pocas luces del otro lado. Desde su púlpito olvidan algo básico: la enorme importancia de los símbolos. 

 

El banderazo no es para La Haya, tampoco es para Chile. Es para todos nosotros, que cada día vamos acumulando orgullo de ser lo que somos; y para el mundo, para que se entere que nacimos con mar, que nos fue arrebatado, que nos prometieron muchas veces una salida soberana, y que no nos cumplieron. Es el símbolo de nuestra causa, que es justa, que es digna, que nos une. No hay para qué tener miedo de estar unidos.