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Zvonko Matkovic Ribera: “No voy a declararme culpable jamás de algo que no cometí”

hace 21 dia(s)

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No pide absolución, pide justicia. Zvonko Matkovic Ribera, de 38 años, se ve fuerte. Aunque quizás el adjetivo adecuado sea fortalecido. Zvonko ha estado detenido desde hace casi ocho años sin sentencia por el caso terrorismo, ha pasado por varias cárceles y se le ha negado la posibilidad de  defenderse en libertad en reiteradas ocasiones. Aun así, no le tiembla la voz al decir que no va a rendirse, que no va a declararse culpable jamás de algo “que no cometió”.

A pesar de su buen ánimo, Zvonko está encarnando en su cuerpo la situación. Hace un año se sometió a una operación de rodilla, pero nunca pudo hacer rehabilitación por lo que aún no tiene buena movilidad. Padece además dos hernias de disco en la espalda y tiene una vértebra desplazada, necesita fisioterapia intensiva de al menos seis meses para evitar la operación.

El tribunal que lleva el caso le ha indicado que no hay presupuesto suficiente para sus requerimientos médicos. No le costearán estudios pero tampoco le permiten que él se los costee. Zvonko está sin trabajo desde hace ocho años.

Fue aprehendido el 19 de marzo de 2010, acusado de estar involucrado en el denominado caso terrorismo. En este proceso 39 personas fueron imputadas por el entonces fiscal Marcelo Soza, quien huyó a Brasil y  hoy enfrenta un juicio por extorsión.

 El  16 de abril de 2009 la Policía intervino   el hotel Las Américas de Santa Cruz. En la operación murieron tres extranjeros que, según la Policía, eran mercenarios que  planeaban asesinar al presidente  Evo Morales. La oposición asegura que  todo fue en realidad un montaje oficial para dañar al movimiento autonomista.

En el caso ya hay sentenciados que confirman que Zvonko Matkovic fue encarcelado para extorsionar a su familia. Pero aun así, él sigue detenido, privado de ver crecer a su hijo.

El Tribunal Primero de Sentencia de La Paz, que lleva adelante el juicio por el caso de supuesto terrorismo, llega a Santa Cruz cada mes para desarrollar las audiencias. Es un juicio aletargado que empezó en octubre del año 2012 y que por el ritmo que lleva es  evidente que trata de desgastar a los acusados para que se declaren culpables, como ya lo hicieron Ignacio Villa Vargas, Mario Tadic y Elod Toaso, entre otros.

El juicio oral comenzó en Tarija, pero se trasladó a Santa Cruz. Tenía una lista de 39 implicados, de los cuales sólo 22 iniciaron el proceso. Los otros 17 fueron declarados en rebeldía al huir del país.

Hoy, luego de tantos años, siguen privados de libertad en la cárcel de Palmasola sin sentencia: Zvonko Matkovic, Alcides Mendoza y Juan Carlos Guedes.  Se consideran víctimas de un secuestro judicial.

Son las cuatro de la tarde y en esta sala del segundo piso del Palacio de Justicia de Santa Cruz de la Sierra, se está leyendo la prueba 24 de las 45 que presentó la parte querellante. Esta prueba tiene 4663 fojas, y van por la 1577, empezaron en octubre del año pasado.

Todos están adormecidos escuchando la voz desanimada del secretario. O quizás, oyendo sin escuchar y es que lo que lee no dice mucho: “destino 730XXX93, fecha XX de abril 2008, a horas 1:40, duración 0,45 segundos, costo 60 centavos, nacional Bolivia. Destino 760XXX69, fecha XX de abril 2008, a horas 13:02, duración 0,12 segundos, costo…” 

Zvonko está impávido. Su mente está ausente. Y aunque sus ojos permanezcan fijos en el tribunal, claramente piensa en otra cosa. Quizás en Milán, su hijo de nueve años que acaba de hacer la primera comunión.

Milán tenía sólo un año de vida cuando se llevaron a su padre y ha olvidado por completo los días que pasaron juntos. Zvonko ha declarado en reiteradas ocasiones que también resiste por él, para que su hijo tenga la certeza de un padre que luchó por justicia y que defendió su inocencia, sin negociación.

Son las cinco de la tarde y se determina un receso de 15 minutos. La mayoría de los asistentes aprovecha el tiempo para salir de la sala al pasillo y estirar un poco las piernas. Algunos van al baño y otros a tomar un poco de agua. Zvonko se levanta y camina  por el pasillo. Cuatro policías encargados de su custodia, le siguen con la mirada.

Me acerco a conversar con él y me atiende con entusiasmo. A los acusados les abruma la complicidad del silencio social, por eso a Zvonko le genera cierto júbilo el poder seguir hablando de su caso.

¿Dónde radica su fortaleza?

En mi familia, sin su apoyo esto sería imposible. En algún momento, cuando los otros acusados se declararon culpables, ellos me preguntaron qué haría. Siempre fui claro con mis padres y les dije que no me voy a declarar culpable de algo que no hice. Este caso está basado en la extorsión, en la compra de testigos, en la corrupción y en la manipulación de pruebas.



¿Por qué cree que no hay sentencia hasta este momento?

Es algo que todos nos lo preguntamos. El ritmo que lleva este proceso no lo lleva ningún otro en Bolivia. Dilatan y dilatan. Lo peor es que no nos dejan defendernos en libertad. ¿Por qué nos siguen teniendo encerrados siendo que hay otros acusados de lo mismo que están con sus familias defendiéndose desde sus casas? Es el capricho de este tribunal que quiere cansarnos.

 En un momento éramos 10 personas en la cárcel, hoy somos tres. Nadie ha logrado salir si no ha sido yéndose a un abreviado. Es la canallada más grande. Vienen y nos lo dicen a cara pelada: “declárese culpable, váyase a su casa, piense en su familia”. No puede ser que el juez que te está juzgando te quiera convencer de que te declares culpable. ¿Cómo se puede ir a una sentencia con una persona así dirigiendo el juicio?

Pero la culpa de que estos jueces y fiscales hagan lo que les dé la gana con nosotros es del Ministerio de Gobierno y del Ministerio de Justicia. No les interesan todas las violaciones a los derechos humanos, lo único que esperan es que nos echemos la culpa. Y ya le digo, por lo menos conmigo, les va a ir mal.

¿Cuánto  más va a resistir?

Voy a aguantar todo lo que sea necesario. Voy a esperar la sentencia con la frente en alto. No me voy a declarar culpable de algo que no hice, porque si lo hago, estaría aceptando que estos fiscales y jueces hicieron bien su trabajo, que yo me merecía estar ocho años en la cárcel sin sentencia. Eso sí que no va a pasar. Yo voy a aguantar todo lo que sea necesario.

¿Qué le dice a su hijo?

Eso es muy duro. A mi hijo lo dejé de un año, no sabía hablar. El niño se ha criado sin su padre... son cosas que duelen. Nunca le escondimos este tema y al ir creciendo entiende mejor qué es lo que pasa. Todo el mundo le ha ido explicando cómo es que funciona. El costo es muy alto, pero mi hijo va a tener la tranquilidad de poder decir en un futuro: mi padre peleó por lo que era correcto.

El Nuevo Código de Procedimiento Penal, ya abrogado,  iba a acortar los tiempos de los procesos para combatir la retardación de justicia, ¿eso  les beneficiaba a ustedes?

Sí y no. En papel sí, pero la práctica ha demostrado que ellos manipulan todo. Cuando me detuvieron, la ley decía que sólo podía estar preso dos años; después, a los cuatro meses salió la ley 007 que amplió a tres años el plazo. Yo ya voy ocho años privado de libertad. Lo que esta gente ponga en papeles a mí me importa muy poco porque todo lo maniobran.

El juez nos tiene en la cárcel porque quiere tenernos y porque nadie le hace una auditoría ni un seguimiento, nadie le inicia un proceso. El Ministerio de Justicia debería enjuiciar a estos jueces y fiscales para saber por qué tienen estos ocho o nueve años a personas en la cárcel sin sentencia, no existe explicación.

No tengo esperanzas en esa ley ni en ninguna otra porque ellos han seguido una línea desde el comienzo que fue meter gente a la cárcel y esperar que se declaren culpables, desesperarlos. Porque es un lugar extremadamente dañino, extremadamente peligroso, solitario.  Todo esto está direccionado a quebrarnos, a cansarnos moralmente, a destruirnos económicamente. Ellos necesitan que nosotros nos declaremos culpables para justificar los años que nos tuvieron en la cárcel.

¿Qué va hacer en adelante?

No me voy a declarar culpable, voy a seguir sosteniendo mi inocencia. No les pido que digan que soy inocente, quiero que me dejen defenderme en libertad. Voy a seguir en ese camino.

Ya tengo procesos iniciados internacionalmente y algún día la justicia me dará la razón. Estoy absolutamente seguro de que la justicia me dará la razón, quizás no la justicia boliviana, pero la justicia va a llegar.

El tiempo del receso se termina y Zvonko se despide, no sin antes preguntarme si volveré a entrar a ese delirio de sala a seguir oyendo sin escuchar  la prueba 24 cuya lectura, según dicen, concluirá en tres meses.///