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El rap chino se topa con la censura comunista por culpa de un lío de faldas

La presunta infidelidad de uno de los más famosos raperos de China, PG One, ha bastado para que la censura del régimen comunista haya puesto en su punto de mira a ese estilo musical

hace 3 mese(s)

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La presunta infidelidad de uno de los más famosos raperos de China, PG One, ha bastado para que la censura del régimen comunista haya puesto en su punto de mira a ese estilo musical, en un momento en el que Pekín mira con creciente recelo toda influencia occidental.

Las supuestas aventuras amorosas del joven rapero de 23 años, ganador el año pasado de un concurso de talentos televisivo ("The Rap in China) en el que competían estrellas del hip hop, ha sido la excusa para que medios oficiales y autoridades censoras hayan denunciado esa música como "decadente" y hayan comenzado a limitar su acceso a los medios masivos.

Todo comenzó a finales de diciembre, cuando la prensa del corazón acusó a PG One -cuyo verdadero nombre es Wang Hao- de haber mantenido una relación con la célebre actriz Li Xiaolu, casada con el también famoso actor Jia Nailiang.

El supuesto escándalo, que ha inundado las redes sociales chinas durante semanas, llevó a los medios oficiales a analizar las letras de PG One, con duras críticas como las de Diario del Pueblo, periódico portavoz del Partido Comunista, quien señaló que el artista "no iba a aguantar el test de la Historia".

También la Liga de Juventudes Comunistas participó en la crítica, recordando que el rapero había aludido al consumo de drogas en una de sus primeras y más conocidas canciones, "Nochebuena", en la que jugaba con la similitud entre la nieve y la cocaína.

Tras las críticas, la Administración Estatal de Prensa, Radio, Cine y Televisión, responsable del control de contenidos y de la censura en el país, ha enviado una nota a los medios chinos informando que el rap y sus artistas quedan vetados de la televisión.

La nota es un memorando interno, así que no hay una prohibición oficial del rap en China, pero recientes sucesos parecen confirmar que esa música ya no es bien vista: dos famosos raperos que también saltaron a la fama en el concurso que ganó PG One han desaparecido repentinamente de los programas en los que estaban trabajando.



GAI (seudónimo de Zhou Yan), quién ganó también el concurso ex aequo con Wang Hao, abandonó por sorpresa su participación en otro conocido show de talentos chino, "I am a Singer".

Lo mismo tuvo que hacer la rapera VAVA, quien rodaba un "reality" cuyos productores han eliminado los planos en los que ella salía de los vídeos promocionales.

PG One tuvo por su parte que pedir disculpas públicas por el contenido supuestamente machista y obsceno de algunas de sus canciones, cosa que hizo en su microblog personal, pero ello no bastó para que sus temas se mantuvieran en internet, pues todos ellos han sido retirados de la red.

El cerco al rap chino se produce en un momento en el que el Gobierno de Xi Jinping, de talante aún más ultraconservador que sus antecesores, defiende que la cultura y el arte del país deben promocionar los "valores nucleares socialistas" y han de desprenderse de influencias extranjeras.

Hoy es el rap, pero en años pasados también han sido víctimas de la censura local desde cantantes pop extranjeros como Justin Bieber o Katy Perry a fenómenos culturales totalmente diferentes como la Navidad, cuya celebración en las ciudades chinas despierta recelos entre algunas autoridades.

Ya en 2015, el Ministerio de Cultura emitió una lista negra de más de un centenar de canciones chinas que debían ser prohibidas, y la gran mayoría eran de hip hop, un estilo que en China siempre ha permanecido en la escena "underground" pero estaba disfrutando de un momento de fama gracias al concurso "The Rap in China".

La llegada del rap a la televisión había supuesto una tabla de salvación para cantantes como GAI, que llevaba años desarrollando de forma casi anónima su música en pequeños locales de su ciudad, Chongqing.

Desgraciadamente, su triunfo a nivel nacional ha venido acompañado de la condena de los censores, y todo, aparentemente, por un simple lío de faldas.


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