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Opinión

DOCE AÑOS DE REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA Y CULTURAL
Por: Emilio Rodas Panique *

LAS OPINIONES EXPRESADAS POR LOS COLABORADORES SON PROPIAS Y NO LA OPINIÓN DE KANDIRE
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Este 18 de diciembre cumpliremos 12 años de la primera victoria del pueblo en el siglo 21, las encuestas daban como ganador a Evo, pero con una victoria ajustada sobre Tuto Quiroga, temprano en boca de urna se confirmaba esta predicción. Gradualmente, sin embargo, el margen se fue ampliando, y a poco más de las 22.00 el MAS superaba el 50% y seguía creciendo. Desde la reinstauración de la democracia ningún candidato lo había conseguido, ni siquiera don Hernán, que con la UDP había condensado toda la energía y esperanza de la recuperación de la democracia. Evo, el MAS, el pueblo lograban casi el 54% y más de 20 puntos sobre el segundo. Atrás quedaba una historia de minorías apretujadas en nombre de la gobernabilidad y la ‘Democracia’, gobernantes ilegítimos pero poderosos ante su pueblo y sumisos ante la Embajada norteamericana.

 

El fin de ciclo neoliberal, que duró exactamente los 20 años predichos por Víctor Paz, comenzó a dar señales de agotamiento en el 2000. La ley del agua fue inaceptable para los cochabambinos, grandes pobladas urbanas unidas a campesinos y cocaleros pusieron en jaque al dictador ‘demócrata’, sumada a una profunda e inmanejable crisis económica, condicionó inevitablemente una sumisión gustosa de su heredero y delfín, que con la represión implacable de los cocaleros se garantizaba apoyo norteamericano para balancear el presupuesto exiguo por la pobreza de ingresos y acosado por la rapacidad de la corrupción institucionalizada. Así se fue el delfín, sin haber podido evidenciar sus credenciales obtenidas en Harvard, más que en la labia procaz, pero sin constatación material. El ilegítimo gringo que se reinstaló en el poder con poco más del 22% no lo hizo mejor, pese a ser adulado de EEUU, su entrega indecorosa al Banco Mundial y al FMI le pasó factura a siete meses de su mandato. El impuesto al salario y su consecuencia inevitable dio el primer campanazo, el enfrentamiento entre policías y militares con varios muertos entre uniformados y civiles anticipó una crisis que tendría su corolario en octubre con la Guerra del Gas. 

 

Lo demás fue anecdótico, un presidente con alto perfil en la clase media, pero sin bancada y sin pueblo, un pueblo que aceptó el desafío democrático y se organizó para completar la tarea. El modelo neoliberal, en cuanto a control estatal, estaba herido de muerte y emergía un nuevo proyecto de nación, antagónico, respecto de la disposición del excedente, incluyente respecto de la interculturalidad, amplio respecto de su composición multisectorial. Todo aquel que tenía algo que reclamarle al neoliberalismo o al colonialismo estuvo ahí, la promesa incumplida del rebalse por el modelo decadente terminó por rebasar la paciencia de un pueblo que decidió cambiarlo todo y empezar de nuevo.

 

La Agenda de Octubre adolecía, sin embargo, de un componente territorial, demandado históricamente por las regiones, la autonomía fue el caballo de batalla de los resabios del viejo esquema. Ahí se parapetaron sin apellido partidario los viejos dinosaurios del poder decadente, el mismo 18 de diciembre forzaron la elección directa de prefectos. Ahí no hubo purismos constitucionales, la designación de prefectos era prerrogativa del presidente. Sin embargo, había que asegurar cabeceras de playa desde donde torpedear al poder emergente. El proceso constituyente fue el escenario, desde la concepción inicial, el mismo día de la elección de asambleístas constituyentes se realizó el referéndum autonómico, la victoria aplastante del MAS en todo el país, incluido Santa Cruz, les dio a la vez el oxígeno de victorias autonómicas en cuatro departamentos. A partir de ahí se tensionó el país en una falsa dicotomía, autonomía vs Estado plurinacional, en realidad no era posible la autonomía sin Estado plurinacional, y el Estado plurinacional sin autonomías hubiera estado incompleto.

 

Lo que se escondía detrás de cada acción era la visión de Estado que estaba en disputa, el viejo Estado neoliberal, que había sentado las condiciones para que el territorio y sus recursos fueran dispuestos para el capital transnacional, pretendía conservar esta situación en los mini estados autonómicos, dominio absoluto sobre la tierra, dominio sobre el subsuelo y su riqueza. Por el otro lado, el Estado plurinacional apuntó al dominio absoluto del pueblo sobre su riqueza y la disposición de ésta para su desarrollo integral, ahí estaba el centro de la disputa, quién controla el excedente y quién la dispone.

 

A doce años de la primera de muchas victorias del pueblo en este largo camino se puede mirar en retrospectiva y asegurar que desde el principio se fue consecuente con el proyecto histórico, los bolivianos recuperamos dominio sobre nuestra riqueza y nos apropiamos del excedente. Esto se refleja en la multiplicación exponencial de la inversión pública, mecanismos de trasferencia directa a grupos vulnerables a través de los bonos y rentas, multiplicación de las reservas internacionales netas, fomento directo a la producción de alimentos. Muy a pesar de las malagüeras predicciones de los desplazados del control estatal todo se realizó con el máximo cuidado y responsabilidad macroeconómica que hoy, en épocas de vacas flacas, mantiene el ritmo de crecimiento saludable de nuestra economía y se sigue generando bienestar. Ya no estamos hablando de empirismo ni de promesas, sino de realidades concretas y tangibles que se reflejan en todas las cifras positivas de los indicadores que son corroboradas y elogiadas por organismos internacionales de forma recurrente. 

 



La inicial tensión generada con el sector privado nacional ha sido superada satisfactoriamente, los empresarios bolivianos han entendido que lo suyo es el mundo de los negocios y no de la política y que en un Estado fuerte y nacionalista tienen un socio estratégico para su crecimiento. Una economía potente desde lo público genera temperatura en el circulante que al final redunda en el mercado interno y el consumo, en el ahorro, en el crédito y crea condiciones para la inversión privada sostenible y exitosa. Al fin y al cabo, la contradicción principal de nuestro tiempo no es la de capital y trabajo, sino la de nación-imperialismo. El empresario boliviano, mientras se mantenga en los intereses de la nación, forma parte del proyecto de país. Este elemento ha aislado a los políticos del pasado de los actores económicos privados, y hoy simplemente la vieja guardia sirve de caja de resonancia de los lineamientos políticos del imperialismo, sin más proyecto que la restauración neoliberal al estilo Macri o Temer, pero sin discurso nacional ni vínculo real con el futuro. 

 

Tras doce años, el lenguaje de la oposición ha virado hacia temas de democracia, corrupción, narcotráfico, en el lenguaje y esquema puramente imperial y en el mismo que se aplicó en Brasil y Argentina, y se viene aplicando en Venezuela, los ejes del mal en el centro del debate.

 

Jamás van a reconocer que la democracia ha sido fortalecida y ampliada, gritaban: muera la dictadura mientras ponían su voto en el ánfora, la democracia sólo es válida cuando les favorece; cuando pierden gritan fraude o dictadura. Hoy nuestra democracia es diversa, representativa, participativa y comunitaria; tenemos autoridades electas en cinco niveles, ejecutivas y legislativas, las mujeres son mayoría en casi todos los espacios legislativos. En estos espacios no se ha proscrito el traje formal, pero vemos en asambleas y concejos municipales ponchos, sombreros, ojotas, cascos mineros. El pueblo ha asumido su propia representación y la ejerce con todo derecho, esto no encaja en la visión de la democracia formal del pasado, esto impide que el poder se concentre en pocas personas y por supuesto aleja las posibilidades de restauración de lo ilegítimo.

 

La corrupción es inherente al sistema capitalista y se reproduce y multiplica en el neoliberalismo, estos están sustentados en el despojo de lo público y lo colectivo en beneficio de lo particular y privado. En los veinte años de neoliberalismo vimos cómo fue enajenado nuestro patrimonio de forma institucional. Trenes, aviones, eléctricas, comunicación, fábricas, minas, fundidoras, refinerías, petróleo y gas, que habían costado peso a peso al pueblo boliviano, pasaron impunemente a manos del capital privado nacional y trasnacional en procesos corruptos que nunca fueron investigados y castigados. El ahorro del ciudadano fue esquilmado por un sistema bancario mediante masiva enajenación a través de los créditos vinculados, quiebra de bancos públicos y privados por créditos que nunca fueron pagados por el beneficiario, y al final el Estado terminó honrando la deuda con la plata de todos, surgieron millonarios y empresarios, los verdaderos deudores. Y ahora estos señores nos acusan de corruptos, la corrupción no fue inventada por el MAS y el Proceso de Cambio, la heredamos y padecemos por conductas individuales que torpedean la credibilidad del proceso y son magnificadas por el poder de los medios masivos controlados por la oposición. Estando absolutamente claro que existe un compromiso de nuestro proceso en la lucha contra la corrupción, no hay casos impunes, la gran mayoría de las denuncias ha surgido de las investigaciones del propio Gobierno y están con sentencia o siendo procesadas en la justicia.

 

El narcotráfico lo introdujeron los regímenes de derecha en nuestro país y convivieron con él plácidamente durante sus periodos. Durante los veinte años de neoliberalismo y control directo de la DEA en la política antidroga, lo único que se tuvo fue una represión brutal contra los productores de hoja de coca y tolerancia contra el tráfico de precursores y la actividad propia del narcotráfico. En los doce años de Revolución hemos tenido una sistemática reducción de la superficie cultivada, pese a la creciente demanda del consumo tradicional; en la interdicción directa al narcotráfico sin la DEA nuestros resultados son evidentes, droga incautada, bandas desarticuladas. Nuestra acción ha sido indiscutiblemente mucho más eficiente, si comparamos nuestra realidad con Colombia, Perú o México, los cuales muestran resultados de desastre, en Bolivia sí hay política antidroga; sin embargo, estos países no son descertificados por el Gobierno norteamericano, la acusación es únicamente parte de un libreto preestablecido.

 

Doce años de historia, un sentido de país, visión de desarrollo integral soberano, el ser humano en el centro de la política pública, posicionamiento internacional evidente e influyente. Bolivia no es la de 2005, los resultados lo muestran, hay un pueblo empoderado, el soberano que camina erguido y gigante hacia su futuro, seguro de él, el enemigo nos mira desde su trono y siente la necesidad de matar el ejemplo, manda a sus garroneros a interrumpir el paso, y éstos ladran sin cesar repitiendo consignas. Estamos en un momento intermedio de la revolución, han pasado los primeros 12 años, hay que seguir en la misma ruta, corrigiendo errores, profundizando las transformaciones y manteniendo el control del pueblo sobre su destino.  

 

* Ex viceministro de Autonomías



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