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Opinión

Lo que está roto es el contrato sexual
Por: María Galindo *

LAS OPINIONES EXPRESADAS POR LOS COLABORADORES SON PROPIAS Y NO LA OPINIÓN DE KANDIRE
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Mientras, la sociedad a través de curas, medios de comunicación y mediocres gobernantes intenta en vano hacer una perorata moral  sobre el cuerpo de cada muerta. Perorata moral que no aporta nada y que no pasa de cuestiones, como que  los feminicidas son malos, que las víctimas de todas maneras son sumisas, libertinas, borrachas o intransigentes. Mientras, pocos feminicidios hallan en los juzgados escenarios de justicia y cada juicio es la reedición de todos los prejuicios machistas imaginables, como que un hombre “bueno e inocente” puede acabar en la cárcel por un crimen que no cometió. 

Cada muerta representa una dosis de sangre que tomar en el desayuno o la cena. Cada muerta es una menos, una estudiante menos, una mamá menos, una mujer menos, una vida menos, una mujer que paga con su vida su propia vida. 

La explicación y esclarecimiento social de los feminicidios es vital para la sociedad, la respuesta profunda a por qué nos están matando y quiénes lo están haciendo es urgente. La respuesta que vaya más allá de la división moral entre buenos hombres, los que no matan, y malos hombres, los que matan, es urgente y puede salvar muchas vidas. 

Nos hemos propuesto elaborar una interpretación sólida de lo que el feminicidio representa para el feminicida. Para hacerlo, hace meses vengo pidiendo al Ministerio de Gobierno el permiso para entrar a la cárcel de San Pedro y Chonchocoro para entrevistar a los feminicidas, darles la palabra,  recoger sus visiones y devolver a la sociedad una interpretación en profundidad de lo que el feminicidio representa para un feminicida y de cómo el feminicidio representa hoy un espejo en el que muchos, demasiados hombres, se están mirando. 

La idea es poner el foco en el feminicida y no en la víctima. Partimos del hecho de que el feminicidio se puede prevenir y que todo hombre violento es un potencial feminicida. 

Lo que está roto entre hombre y mujer en la sociedad boliviana es el contrato sexual. Es esa ruptura la que está presente en todos y cada uno de los feminicidios. 

La ruptura del contrato sexual es la ruptura de las relaciones de convivencia y entendimiento hombre-mujer en la sociedad. Estamos hablando de un contrato sexual tácito, no explicito, que recibimos en la familia, el colegio y que es irradiado hacia hombres y mujeres en la sociedad por todas las instituciones.



 Este contrato implica desde cómo se distribuye el trabajo doméstico o el tiempo libre en una relación de pareja, hasta cómo se gestiona el placer, el erotismo y el sexo.

Las mujeres estamos atravesando un momento histórico en el que nos estamos moviendo del lugar para el cual hemos sido educadas, nos estamos saliendo de lo que de nosotras se espera, para inventar un nuevo lugar que aún está por construirse.

En el plano sexual, nos estamos moviendo del lugar de objeto de deseo para convertirnos en sujetos de deseo y expresar nuestro propio erotismo.

Es esta ruptura que nos coloca históricamente en mujeres en riesgo, en mujeres acusadas de antemano de malas, incapaces, carentes, insuficientes, irritantes. Mujeres que no cumplimos ni cumpliremos las expectativas sexuales, sociales ni afectivas que los hombres de nuestra vida tienen en nosotras. 

Así como desde el universo de las mujeres están surgiendo muchas propuestas, por ejemplo de cómo fundar familias horizontales, sin padres, así como redistribuir nuestros tiempos para poder también estudiar, bailar, pensar en nosotras mismas y poder tomar contacto con nuestros deseos; desde el universo masculino se sigue imponiendo el ideario del pequeño tirano que cree que todo el mundo es suyo, el pequeño tirano que exige todo para sí: la atención, las oportunidades, el tiempo. 

Incapaz de repensarse a sí mismo, incapaz de revisar su propio cuerpo, su propio erotismo, sus propias costumbres cotidianas, el pequeño tirano patalea, insulta, acosa, humilla; considera el sexo acto de posesión, considera el amor acto de apropiación, considera la paternidad manifestación de poder, pero no de responsabilidad. 

Es en el conflicto entre lo que él impone y lo que ella quiere que el desenlace es el feminicidio, es a ese nivel en el que tenemos que trabajar, no para encajar a las mujeres en el molde de lo que “él quiere”, sino para que “él” no se convierta en el siguiente feminicida de 16 años.



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