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24 mujeres continúan hilando la historia de la población de Huari

hace 1 mese(s)

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Cada persona aprendió de las enseñanzas de sus ancestros, una tradición de familias de tejedoras que vivían de este oficio”. Estas fueron las palabras de Elia Callapa García, una de las 24 mujeres que continua bordando activamente la historia del municipio Santiago de Huari.

Hoy en día, la edad de las tejedoras oscila “entre los 22, como es el caso de señoritas que ingresaron a este oficio, aprendieron la técnica y, en este momento, están elaborando textiles; hasta los 78 años, como es el caso de Doña Julia”, señalo Callapa.

La población Santiago de Huari, ubicado a 122 km al sur de la ciudad de Oruro, alberga a 4.401 habitantes (Censo 2012), de las cuales, 8 jóvenes entre 22 a 35 años, 6 mujeres entre 35 a 45 años, 5 señoras de 45 a 60 años y 5 tejedoras expertas de 60 años para adelante, continúan trabajando en uno de los oficios más antiguos del mundo.

Pero, las nuevas generaciones de varias comunidades andinas están perdiendo la costumbre de tejer, puesto que, se dedican a otras actividades que les ofrezcan ganancias y dejan de utilizar los telares. Una problemática que disminuye la cantidad de tejedoras y la producción.

Estos tejidos, que cada día se registran menos, “conservan un proceso productivo vertical que reúne desde las materias primas- lanas y materiales para el teñido- hasta la altísima creatividad individual, conservando el ancestral patrón cultural de diseño, y sostienen una tradición que se ha mantenido y desarrollado desde sus orígenes”, sostiene el ensayista Guillermo Mariaca, en su artículo ‘La decadencia de los tejidos andinos’.

Ausencia de Mercado y Machismo restringen su labor

Los productos elaborados en la comunidad de Huari, como en otras poblaciones, no son solamente la materia prima de la vestimenta, sino que también son utensilios indispensables para las actividades agrícolas, como el almacén de productos y transporte. Además, son utilizados como cobertores y tapetes para los pisos; y en las actividades religiosas, ayudan a guardar la coca y dan soporte a las ofrendas a la madre tierra.

Pero, aunque las tejedoras realicen más productos, no cuentan con un “mercado oficial” para ofrecer sus tejidos. Según Elia Callapa, el colectivo de mujeres aprovecha las dos ferias anuales que se realizan en la población de Huari para ofrecer chullpas, carteras, aguayos, ponchos, entre otros; a los visitantes que se dirigen al Salar de Uyuni.



“No hay un mercado seguro donde podamos acomodar nuestros productos, porque ellas, aparte de necesitar maquinaria para realizar un trabajo de calidad, como carteras y muchas cosas más, no saben cómo o dónde ofrecer estos tejidos. Aún no superamos ese problema”, declaró la hilandera.

Otro de las dificultades es el papel simbólico que tiene la mujer en esta comunidad, puesto que, muchas de ellas deben permanecer al lado de su pareja y atender a su familia; impidiéndolas participar en las reuniones y actividades que tiene la población.

“Ellas quieren tejer, quieren estar en grupos o reuniones, pero no a todas las mujeres les apoyan sus esposos, siempre hay problemas de pareja (…) creo que el 30% de las tejedoras han tenido este problema de la ausencia de su esposo, el apoyo de su pareja”, expresa Callapa.

El sueño de una mujer para una región

En la mitología andina, Santiago de Huari fue testigo de la dura batalla entre Tunupa y Azanaque, el cerro protector de la población. Una cautivadora historia de amor separado por las infortunios y que sobrevivió al tiempo a través del agua de la vertiente de este místico lugar. Una leyenda que fue subsistiendo a través de la vocación artesanal en el tejido con lanas de alpaca, vicuña y llama, y que fue plasmada en exquisitas prendas elaboradas de fibras naturales de gran calidad y hermoso diseño.

“Para mí, tejer es demostrar la habilidad que tiene una persona. Me siento útil al realizar estos tejidos e, incluso, utilizar la variedad de colores que tienen ahí, la lana natural que manejan y los materiales que usan (…) para transmitir mediante estos textiles la leyenda de Azanaque, la unión”, expresó Callapa.

Huari es considerada como un centro de integración comercial importante en el occidente, puesto que, es parte de la Ruta de los Tres Siglos, que comprende las comunidades de Machacamarca, Poopó, Pazña, Urmiri y Challapata, donde se observa los sitios y atractivos turísticos que conducen a la puerta del Salar de Uyuni.

La ubicación estratégica que tiene la población, motivo a las mujeres a soñar en un Museo Grande de Textiles, donde puedan impartir talleres a los colegiales y personas interesadas; exponer los chullus, chaquetas, carteras, ponchos, aguayos y sombreros que realizan; y presentar la comida típica a los visitantes que transitan.

“Se necesita muchos materiales para tener una visión grande; pero, eso habíamos soñado con todas las mujeres en una reunión. Dijimos, cuánto quisiéramos que sea una casa turística de tejidos aquí, para que vengan más turistas y visiten nuestra hermosa comunidad”, finalizó Elia Callapa García, una de las 24 mujeres que continua bordando la historia de Santiago de Huari.///


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