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Carlos Mesa: "Santa Cruz está ya en el camino de generar un liderazgo nacional"

hace 3 mese(s)

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Ya no es solo el MAS el que lo imagina como posible candidato en 2019. Los demócratas también se han referido a esa figura. ¿Qué dice usted de eso?

Primero, desde que establecimos una serie de acciones comunes en defensa de valores democráticos con los líderes de partidos de oposición, más expresidentes y exvicepresidentes, mi relación ha sido de cordialidad y respeto. Tengo un respeto particular por esos líderes políticos que creo que han hecho un trabajo muy difícil en las peores circunstancias frente a un Gobierno que busca la hegemonía y que tiene una vocación autoritaria.

Segundo, entiendo la lógica de estructuras políticas que comienzan a mirar el horizonte electoral, por lo tanto, la forma de razonamiento tiene sentido. Ahora, mi respuesta ha sido: agradezco la consideración que tienen por esta opción, pero creo que en este momento nuestros esfuerzos completos tienen que estar destinados a la defensa de los valores que representan el 21 de febrero y a presionar al presidente Morales para que deje de ser candidato.

Durante su gobierno, se lo criticó en Santa Cruz por su relación con los líderes de la época. ¿Sigue teniendo la misma mirada de Santa Cruz?

Estaba tentado de decirte: Sí, sigo teniendo exactamente la misma posición que tenía con Santa Cruz el año 2004. Pero eso podría dar lugar a decir: ah, eso quiere decir que no ha cambiado su posición ‘anticruceña’, porque ese es un prejuicio, por supuesto. El concepto fundamental, para ponerlo claro, es que el Gobierno de Carlos de Mesa plantea dos decretos en abril de 2004: uno de descentralización de la salud y la educación y otro para incrementar el poder de decisión del prefecto del departamento, cuando no existían las gobernaciones. Esas son dos medidas fundamentales de aproximación a la línea de defensa de las autonomías, entre otras cosas, porque quiero recordar que en mi Gobierno había personalidades como Carlos Hugo Molina, como Roberto Barbery, como Gustavo Pedraza, como ‘Neco’ Aguilera, que no solamente son cruceños de origen, sino hombres comprometidos con la participación popular y las autonomías. Y, segundo, recordar que el año 2005 hicimos el decreto que permitió la elección directa de prefectos. Por lo tanto, nuestra vinculación con Santa Cruz fue una vinculación de compromiso total con el camino de las autonomías. La lectura que se hizo no fue una lectura espontánea de una sociedad que tuvo siempre muy buena relación conmigo, sino que determinados sectores de poder que querían desacreditar la imagen de Carlos de Mesa la marcaron.

En redes sociales, hay quien recuerda que usted habló de liderazgos ‘de campanario’ al referirse a los dirigentes cruceños. Esa expresión causó una imagen de un presidente ‘comecambas’.

Yo te desafío a que hagas una pregunta a los chicos y chicas cruceños de 18 a 20 años sobre Carlos de Mesa y te voy a dar, como apuesta, que ellos no tienen esa referencia en absoluto, que es parte de la visión de un núcleo muy pequeño de determinados sectores que ya han sido superados. Yo creo que esos sectores radicales, que todavía manejan redes sociales, no representan ni el 5% de la opinión real de los cruceños. Creo que el punto de vista de Santa Cruz es un punto de vista renovado. Lo que los cruceños tienen es una mirada universal. Hoy día Santa Cruz es la marmita de este país: es donde se reúnen de manera cosmopolita el conjunto de ciudadanos que piensan esta región y piensan este país con la dinámica que le da este poder extraordinario que está haciendo que Santa Cruz sea un foco, no hoy, sino desde hace 40 años, la atracción para los bolivianos y los extranjeros que viven aquí.

¿Cómo se lleva con Rubén Costas ahora? En el pasado, cuando él era presidente cívico, lo criticó con dureza.

Muy bien, excelente.

¿Cómo pasó eso?

Por una razón muy simple: porque –cuando hay buena fe y honestidad intelectual– hay que entender la diferencia que existe en el contexto político que vivimos Rubén Costas y yo el año 2004 y el contexto político que vivimos hoy. Las circunstancias han cambiado y la realidad demanda respuestas diferentes. Dado que Rubén Costas es un hombre de buena fe, es un hombre intelectualmente honesto, esas diferencias que eran entendibles en ese momento, hoy día no tienen ningún sentido.

Los demócratas anunciaron que buscarán la Presidencia en 2019. ¿Cómo ve a Costas en una candidatura a la Presidencia?

Yo creo que Rubén Costas es un político que ha demostrado, como gobernador de Santa Cruz, un extraordinario trabajo y comprensión de algo fundamental: la integración entre provincias y centro, en el caso de Santa Cruz.

Pero hay algo que me parece clave: yo lo dije con relación al presidente Morales –no pensando en el presidente Morales– el año 2004 en una conferencia que di en Miami, en una invitación que me hizo el Miami Herald. Dije entonces: yo creo que el próximo presidente de Bolivia debe ser un indígena. Y mucha gente me achacó y dijo: ah, claro, le está haciendo la cama a Evo Morales. No, estaba pensando que el camino de la historia. Más allá de mi buen gusto, mal gusto, buenos deseos, planteaba la necesidad imperiosa de que Bolivia contara con un presidente indígena y así ocurrió. Luego el presidente indígena hizo lo que hizo y está donde está, en un autoritarismo inaceptable, vulnerando la Constitución. Esa es otra historia. El siguiente paso fundamental es: Santa Cruz ha tenido tres presidentes cruceños. Esos tres presidentes cruceños han sido militares: José Miguel de Velasco, Germán Busch –podemos debatir su origen, no interesa, del oriente– y el general Hugo Banzer.

Ninguno de los tres lo ha sido como la expresión de una región fundamental del país. En consecuencia, el sentido de la historia, no mi deseo, ni mi falta de deseo –y lo tengo, por supuesto– te dice que Bolivia necesita un presidente o una presidenta cruceña, del oriente boliviano. ¿Qué pasará el año 2020, el año 2025? Pero eso es ineluctable, pero ya no como un accidente desde el punto de vista de la geografía. No, no, no. Eso tiene que pasar. Ahora, no estoy diciendo que Rubén Costas va a ser esa persona. Creo que Santa Cruz está ya en el camino de generar un liderazgo nacional que cae de su peso, como lo tuvo La Paz con los generales Pando y Montes, que no llegaron a la Presidencia por ser generales, llegaron a con el partido liberal que estableció el dominio regional de La Paz a principios del siglo XX.

Usted fue presidente y tiene más de 60 años. Hace poco lo escuchamos, en Cochabamba, reivindicar la defensa de la votación del 21-F que impulsan los jóvenes. Dadas sus circunstancias, ¿cree que los líderes de la oposición de hoy podrían encabezar la lucha del 21-F ?



Primero, creo que se trata de una obligación ligada a las convicciones íntimas que he tenido, que tengo y que tendré en relación a la defensa de la democracia y a la concepción –si tú quieres el término y no le escapo a la palabra– liberal de los valores republicanos. Un segundo criterio es dejar claramente establecido que yo “me sumo a”: no estoy encima, ni propongo, ni quiero coordinar, ni quiero liderar, ni creo tener ningún derecho que me permita hacer tal cosa. Esto es fundamental: yo me siento militante del proceso del 21 de febrero y estaré “a lado de”, “aprendiendo de”.

Con ironía, el ministro Carlos Romero dijo que hay que felicitarlo porque quiere ser candidato y que su partido político son las plataformas.

(Risas) Carlos Romero es un hombre muy inteligente, de eso no tengo duda, y está jugando a ver si de una buena vez piso el palito. El Gobierno quiere obligarme a decir eso que él ha dicho y además generar una ruptura. Porque decir: ah, o sea que Carlos de Mesa, encima, oportunista como es, pretende montarse en las plataformas ciudadanas para hacer de ellas su plataforma política. Eso sería, primero, una ingenuidad y una tontería de mi parte. Segundo, entiendo y valoro los esfuerzos ímprobos que hace Carlos Romero para conducirme en una determinada dirección. No lo va a conseguir, primera respuesta. Mi tarea hoy es como ciudadano, mucho más que como expresidente: me sumo a las plataformas ciudadanas. Las plataformas ciudadanas responden a un concepto democrático esencial que se llama 21 de febrero y No a la reelección. Después de que eso se consiga, cuando el presidente Morales entienda que no puede ser candidato, cada ciudadano que ha formado parte de una plataforma tomará su decisión: irse a su casa, continuar su vida cotidiana, hacer política eventualmente.

“Cuando el presidente entienda que no puede ser candidato”, dice. Por un sentido histórico de cómo se maneja el poder en el país y más allá del ‘deber ser’, ¿usted realmente cree que el presidente va a decir que debe retirarse por el 21-F?

Lo que yo crea o deje de creer en ese contexto no es relevante. El ‘deber ser’ aquí es más importante que la interpretación realista –teóricamente realista– que yo podría tener. El ‘deber ser’ es el contexto en el que yo, como demócrata, debo estar, y la lucha democrática, pacífica y básicamente no violenta, es sumarme a ese movimiento colectivo de Bolivia dijo No para forzar al presidente a cambiar de punto de vista. Lo que íntimamente quiere, piensa o desea el presidente Morales aparentemente está claro: no ha cambiado hoy. El Bolivia dijo No se les está convirtiendo en un karma y el karma tiene un sentido muy profundo. Cuando tú empiezas a tener dificultades para moverte libremente en la sociedad a la que gobiernas, tienes que empezar a hacer preguntas de fondo y eso es lo que debe entender.

Pero hay un tema de sobrevivencia. Banzer fundó ADN, tras una propuesta de juicio en su contra. Goni optó por buscar el segundo mandato tras ser acusado. ¿Qué tanto va a resistirse, si las candidaturas resultaron ser una forma eficaz de defenderse?

Te diría yo que hay una evidencia clara que es: efectivamente, el Gobierno tiene hoy en su mano la decisión sobre detener, avanzar, profundizar, hacer más rápido, más lento, un proceso de carácter penal a través de un juicio de responsabilidades en mi contra y eso ya no está en mi mano, sino está en mano de la discrecionalidad de la Asamblea Legislativa Plurinacional, del vicepresidente, en el momento de que quieran o no meter el juicio de Quiborax. Y eventualmente está la investigación de Camargo-Correa y A y B y C y lo que venga…

Pero podría estar defendiendo estos principios para plantear luego su estrategia política. Si el problema es cómo actúa el poder político, ¿por qué no hacerlo?

Mi respuesta concreta: para no jugar el juego de don Carlos Romero, del presidente Morales y del sistema, no voy a responder específicamente sobre sí tengo una voluntad directa o indirecta de ser candidato porque este no es el momento de hablar sobre si voy a ser o no candidato. Por supuesto entiendo tus preguntas, que son de carácter conceptual, pero pueden dar lugar a equívocos que no quiero generar.

¿No ha pensado que el poder político podría decir de usted, suficiente, hay que inhabilitarlo, hay que llevarlo a la cárcel?

Un elemento claro, cuando tú enfrentas un poder tan grande y aparentemente incontrastable como el que tiene el presidente Morales (digo aparentemente porque, si tú haces un seguimiento de lo que le está pasando en las últimas semanas, ese poder empieza a desportillarse de manera significativa). ¿Eso te genera preocupación? Por supuesto que sí. ¿Estoy preocupado? Sin duda que sí. ¿La palabra miedo aparece en tu horizonte?

Definitivamente, claro que aparece.

¿Carlos de Mesa tiene miedo?

El concepto fundamental es: si un ser humano no tiene miedo, tiene un problema síquico muy complicado. El miedo es un mecanismo imprescindible para la vida de nosotros, para que no hagamos locuras, para protegernos.

¿Tiene miedo Carlos de Mesa? No, ese no es el punto. (Y) sí, claro que tengo. La respuesta es: mis mecanismos para combatir el miedo son los de establecer los valores y los principios en los que creo y enfrentarlos a cara descubierta, porque no tengo nada que ocultar. Aquí estoy y aquí me voy a defender, con los argumentos que tengo y con los instrumentos jurídicos y de la verdad.///

 


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