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Opinión

Un corazón que late siempre desde América
Por: Leidys María Labrador Herrera

LAS OPINIONES EXPRESADAS POR LOS COLABORADORES SON PROPIAS Y NO LA OPINIÓN DE KANDIRE
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Y no pudo América contener el dolor, y sus venas abiertas volvieron a sangrar y aquellos disparos resonaron como bombas en los oídos lacerados del cono sur. Luego el silencio sepulcral, el vacío, la pérdida irreparable y el temor a un futuro sin su presencia.

 

Desde entonces acoge octubre una especie de nostalgia, un sentimiento inexplicable que cala hondo en el alma de la gente. La sorpresa de su apresurada despedida, el deseo de haberlo tenido por más tiempo junto a Fidel, conduciendo la Revolución, le son inevitables a este pueblo, que lo acogió como su hijo y como tal asumió la estremecedora noticia de su pérdida.

 

¿Muerto, el Che Guevara muerto? Quieto tal vez, existiendo de otra forma, hablando en otra lengua, pero muerto, jamás. No tiene ningún ser material el poder suficiente para asesinar a la historia, para sepultar los senderos que abren entre la maleza de las miserias humanas los hombres excepcionales.

 

Llenó su mochila guerrillera con los lamentos del indio americano, de los desaparecidos, de los explotados y habló por los que no tuvieron voz y vivió por cada uno de ellos, porque percibió que solo es valiosa la existencia si se elige el camino correcto, aquel en el que se olvida la propia identidad y se deja de ser para sí porque la virtud obliga a ser universal.

 

Nadie duda de su caracter simbólico, de la adoración que por él siente la humanidad, del paradigmático ejemplo en que lo convirtieron sus actos. Pero tampoco duda nadie que no hubo en ningún instante de su paso por la tierra ambición alguna que no fuera la de una América libre, donde la soberanía naciera de la voluntad de los pueblos, de su derecho a la libre determinación.

 

Larga fue la agonía de una búsqueda incesante, porque queríamos traerlo a su patria. Lazos demasido fuertes lo ataron a la Isla y por eso debía ser esta, con la licencia de su país de nacimiento, la tierra que le brindara el definitivo descanso.

 

Cuando por fin emergió a la luz, cuando volvió a pisar victorioso el suelo cubano, aquí lo esperaba su hermano de mil batallas, quien con su propia mano encendió la llama que lo iluminaría en ese otro estado llamado eternidad, y como nunca antes se hizo presente.

 

El mausoleo que guarda con celo a la leyenda, al Heroico Guerrillero que descansa junto a los que tuvieron el privilegio de seguirlo, es hoy un sitio de reconciliación con los más profundos ideales patrios, un lugar sagrado donde se hacen compromisos con la patria, donde se agradece por el ejemplo, por la virtud y el amor ilimitado a la humanidad.

 

El Che aún siente, recorre la América, padece sus dolores, se enorgullece de su estoico batallar. Nos observa desde otra dimensión, una en la que volvió a abrazar a Fidel y sus excelsos pensamientos se fusionaron una vez más para trazar el camino hacia un mundo donde el sol brille igual para todos.

 

Y octubre sigue su curso y en el pecho explotan los más puros sentimientos. Construimos con esfuerzo el día a día de la Cuba que tan agradecida le está, porque es ese el homenaje que hubiera querido. Guevara, el inmenso guerrillero logró sobrevivir a la muerte, se negó a callar, a dejar de existir, burló las balas asesinas que cortaron su carne, pero jamás acallaron los latidos de su noble corazón.