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Opinión

Ser o vivir en tierras bajas
Por: Carlos Subirana

LAS OPINIONES EXPRESADAS POR LOS COLABORADORES SON PROPIAS Y NO LA OPINIÓN DE KANDIRE
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Hace pocos años un hermano isoseño, tupí guaraní estaba detenido preventivamente por más de dos años.


Ocurre que hubo un robo y una Juez ordenó su detención a pesar que estaba en su comunidad, jugando fútbol, a 330 km de distancia el momento del hecho.

 

En la misma época otro hermano del Chapare, que vive en la Villa 1ro. de Mayo, del sindicato Lauca Ñ, el mismo que forma parte el presidente, le fue confiado por la comunidad hacer unos movimientos monetarios, la policía lo detuvo y el juez lo envió a la cárcel y le quitaron el dinero. Pero esto será contado en otro momento.

 

En ambos casos se hizo el mayor esfuerzos y era como arar en el desierto, fue ahí que me di cuenta que los indígenas en general y los que son o viven en tierras bajas no tienen el poder de sus hermanos de tierras altas.

 

En el caso del hermano isoseño, peregrinamos con los capitanes grandes o “Mburuvicha Guazu” solo para que se cumpla la ley.


Me recuerdo, el esfuerzo que hicimos con mi amigo de infancia Bonifacio Barrientos+, Capitán Grande de Alto y Bajo Isoso, al igual que su padre “Sombra Grande” y su tío, fusilado por el ejército boliviano en Coopere, por la infame acusación de traición a la patria.


Hicimos todo, hasta la denuncia pública y a nadie le importó.

 

En una de las muchas audiencias, casi todas suspendidas, vi como el denunciante, de tierras altas, insultaba despóticamente, humillando al isoseño, esto en plena sede judicial y a vista de los policías.

 

Fue en ese momento de impotencia que le pedí a otro guaraní que le saque una foto, viajemos a Isoso para pedir justicia a nuestro “Ypaye” don Jorge+, hombre recto y respetado que en su precaria vivienda en medio Chaco, recibía visitas desde Santa Cruz, Camiri, Charagua y otras localidades distantes, no era raro que los visitantes le llevaran el cadáver de algún familiar muerto en circunstancias dudosa, don Jorge+ se quedaba alguna horas, les amarraba los zapatos y le ponía una lonja alrededor del cuello del difunto, pero eso relataré en otra crónica.

 

El “Ypaye” miró la foto detenidamente, haciendo una pregunta retórica: este es el hombre que tiene preso a nuestro hermano?


Nos dijo que volviéramos tranquilos, entendí que así como la escasa flora y fauna están protegida por “Ka’a jara” el “Ka’a-iya” velaría por el detenido.

 

Así fue, al poco tiempo el indígena sale libre.



 

El acusador estaba tan agobiado de una enfermedad que hasta le impedía ir a las audiencias, quizás fue como dijo nuestro “Ypaye“ se secará como un árbol.

 

En conclusión cada vez que nos sintamos abusados por verdugos de tierras altas, debemos pensar en volver al campo, quizás de donde nunca debimos salir y buscar que nuestros “Ypayes” nos protejan de tanto abuso.

 

Claro es posible que nos ejecuten como al Mburuvicha Guazu en Coopere o seamos eliminados como en Kuruyuqui por un ejército genocida de tierras altas, pero creo que tenemos más posibilidades en el campo ya que en la ciudad sigue fresca la invasión de los ucureños y la masacre de Terebinto en pleno gobierno del MNR, ademas de Ñanderoga, Curaguara de Carangas y los torturadores, San Román y Claudio Gayan.

 

Termino transcribiendo unos versos del escritor y poeta Pedro Shimose, amigo beniano y orgullo nacional.

 

*  “Santa Cruz de la Sierra dolorosa, mi sangre está hecha de tu sangre y tu martirio es mi martirio.

 

* En tu rostro se va el beso como una huella de traición, en tus lágrimas se va el musgo de aguaceros perseguidos.

 

*  Ay Terebinto, Terebinto.

 

* Crujen los huesos de los destripados, sangran los pies de los fugitivos que volvieron a los bosques a pelear por lo que es nuestro, por lo que es tuyo, madre nuestra.

 

* Lloran las viudas sobre las moscas de sus hijos muertos.

 

* Les sacaron los ojos, les cortaron la lengua, les cortaron los dedos, uno a uno, para que no pudieran contar los días de la venganza que se avecina con los segundos de los minutos, con los minutos de las horas, con las horas del porvenir, con todo el rencor de nuestra soledad y desamparo.



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