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Opinión

¿Otra ruptura de la cadena de mando?
Por: Rafael Puente *

LAS OPINIONES EXPRESADAS POR LOS COLABORADORES SON PROPIAS Y NO LA OPINIÓN DE KANDIRE
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Tras la muerte de Jonathan Quispe en El Alto —hecho tan lamentable como innecesario— nos volvemos a encontrar con informaciones oficiales que intentan liberar de responsabilidad al gobierno. Primero se intentó culpar a los propios manifestantes de la UPEA, y a continuación, cuando desde la propia Policía salió la informacion de que el autor había sido un subteniente de la misma, lo que se intenta es cargarle a él toda la responsabilidad. Y todavía no han dicho, pero la idea está ahí, que se había roto la cadena de mando. Y esto nos recuerda inevitablemente el desastre de Chaparina, dondo el Estado Plurinacional se muestra muy poco pluri al reprimir torpemente una marcha de pueblos indígenas pequeños —no sólo los que habitan el TIPNIS— y luego explica que hubo una ruptura en la cadena de mando. De esto hace 8 años y la tal ruptura nunca se se demostró ni se explicó…

 

Aparte de que en este caso, y al tratarse nada menos que de El Alto, no es probable que todo quede sin aclararse, no podemos menos de recordar lo de Chaparina, incluida la comprobación de que en aquel momento no hubo ninguna ruptura de la cadena de mando, y la certeza de que así fue nos vino por la renuncia de la Ministra de Defensa, la irrepetible Cecilia Chacón, que renunció a su cargo porque no quería asumir la instrucción de enviar aviones militares para evacuar a los marchistas. Si eran dos los ministerios convocados para reprimir la marcha indígena, sólo hay una autoridad que puede haberlos convocado, y esa autoridad era el Presidente del Estado. Por cierto el otro ministro involucrado en aquel hecho —el de Gobierno— ha cobrado y sigue cobrando el precio de su silencio… (Al hablar de esto no podemos olvidar lo que supimos años después de Chaparina, cuando se nos mostró a una mujer policía que, disfrazada de indígena, simulaba intentar el secuestro del Canciller David Choquehuanca, que fue el pretexto para la represión).

 

Por tanto en estos momentos resulta difíicil tragarse lo de la ruptura (que en este caso ni siquiera se puede mantener en el misterio, sino que sitúa como responsable único al propio subteniente).



 

Y no pretendo defender a la Policía, que como institución está muy lejos de cumplir su misión fundamental. Y esto ocurre, por lo que sabemos, en la mayor parte del mundo. Los únicos países en que la Policía es respetada por su comportamiento responsable y coherente son los países escandinavos; en los demás —por supuesto empezando por los Estados Unidos— parecen tener policías parecidas a la nuestra, sólo que por lo general mucho mejor pagadas. Si un policía vive en peores condiciones de vida que los internos de una penitenciaría, no se le puede pedir que actúe de manera responsable, cohe¬rente y honesta. No olvidemos que al cabo de siete años del actual gobierno se publicó el dato de que los siete comandantes generales de la Policía, nombra¬dos hasta ese momento, tenían cuentas pendientes con la Justicia (sobre los siguientes cinco comandantes no hemos sabido nada), y no era que el Presi¬dente se hubiera equivocado en las designaciones de dichos comandantes, sino que tampoco tenía dónde escoger.

 

Pero de esto no se deduce que un subteniente pueda darse el lujo de usar un arma especial para disparar una canica mortal. No nos pueden volver a contar lo de la ruptura de la cadena de mando (con ese o con otro nombre). Esta vez será inevitable que se sepa la verdad y que la autoridad responsable tenga que dar la cara, y eventualmente responder de su irresponsabilidad. Porque lo menos que necesitaba nuestro país, y peor todavía nuestro actual Gobierno, era el escándalo por la muerte de Jonathan Quispe. Para empezar sabemos que con El Alto no se juega, pero además ha sido el país entero el que ha reaccionado de manera crítica e indignada contra esa muerte y lo que significa. Cuanto antes se sepa toda la verdad —por escandalosa y dolorosa que pueda ser— tanto más a tiempo estamos de reconstruir un mínimo de confianza entre el Estado y la Sociedad Civil…

 

* Rafael  Puente es miembro del Colectivo Urbano por el Cambio (CUECA) de Cochabamba.



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