El tiempo
     Santa Cruz

S Salud

El pez obeso que puede ayudar a curar la diabetes

El gran contenido de azúcar en sangre no perjudica al animal, sino que le permite sobrevivir en condiciones extremas, cuando no hay comida

hace 1 año(s)

,

La desregulación de la producción de insulina, hormona que interviene en la incorporación del azúcar de la sangre hacia las células, causa estragos en la especie humana. La consecuencia más evidente de ello es la diabetes, que se cobra la vida de 25.000 personas cada año sólo en España y afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo.

Existen dos tipos distintos de esta patología derivada de los altos niveles de glucosa en sangre: la I y la II. La primera se desarrolla, generalmente, durante la infancia y aparece cuando el cuerpo no genera suficiente insulina para regular la glucosa debido a que el sistema inmune ataca por error a las células del páncreas que producen esta hormona.

La segunda, en cambio, se debe a que el cuerpo se vuelve resistente a la insulina, de forma que, por mucho que el páncreas se esfuerce, la hormona no logra mantener bajo control los niveles de glucosa.

Ambas situaciones hacen que la glucosa se acumule en la sangre, lo que provoca un desajuste de la actividad metabólica y de otras funciones del organismo. No obstante, parece que esta gran cantidad de azúcar en la sangre no afecta demasiado al pez tetra ciego (Astyanax mexicanus), conocido por ser un pez obeso, sino que más bien le beneficia.

Lo explican en un estudio publicado este mes de marzo en la revista científica Nature un grupo de investigadores de la prestigiosa Escuela de Medicina de Harvard que, tras analizar cautelosamente el genoma –conjunto de genes de un organismo- de este pez , se han dado cuenta de que la gran cantidad de glucosa contenida en sangre se debe a una mutación genética que contribuye a que estos peces sobrevivan cuando carecen de comida.

Concretamente, lo que hace diabético al animal es la resistencia a la insulina, lo que equivale a una diabetes de tipo II –hereditaria y severa-, que constituye entre el 75 y el 85 % de los casos de diabetes.



Los autores del estudio aseguran que el hallazgo puede contener las claves para la cura de esta enfermedad, pues es posible que este pez contenga otras mutaciones genéticas que le permitan hacer frente a los altos niveles de glucosa en sangre. Así, de detectar estas variaciones en el código genético, los expertos podrían reproducirlas en el ser humano y librarle de la enfermedad.

En la actualidad, la especie vive en la parte superficial de algunos ríos en zonas de clima subtropical, además de en un total de 29 cuevas sumergidas ubicadas en la costa noreste de México, siempre cerca del fondo, donde la comida escasea y no hay luz. Precisamente por este motivo, el animal carece de ojos, pues tenerlos no le serviría de nada más que para desperdiciar energía.

Según los autores del trabajo, los ejemplares que viven en cuevas están más gordos que sus homólogos en las partes superficiales de los ríos, tienen más oxígeno en la sangre, su tasa metabólica, es decir, la energía que gastan, es menor, y, sin embargo, presentan la misma esperanza de vida.

La mutación que, a su juicio, hace diabéticos a estos peces se encuentra en el mismo gen que hace que el apetito de las personas sea insaciable, lo que alienta a los animales a comer todo lo que pueden y a acumular grasa cuando la comida abunda, generalmente durante la primavera. Ello, sumado a su lento metabolismo, permite a los peces disponer siempre de la energía necesaria para sobrevivir.

Con todo, el estudio denota que, al final, acumular azúcar no es más que una estrategia de supervivencia adaptada a unas condiciones de vida extremas, al igual que lo es, por ejemplo, la alta presión arterial de las jirafas, que les permite que la sangre les llegue a la cabeza tras superar su largo cuello.

Artículo científico de referencia:

M Riddle et al. Insulin resistance in cavefish as an adaptation to a nutrient-limited environment, Nature, 2018, doi:10.1038/nature26136


Notas Relacionadas